Si eres propietario de una pequeña fábrica de aceite de maní, probablemente ya has notado cómo la calidad del aceite varía según la temporada o el tipo de maquinaria usada. Muchos de ustedes me escriben preguntando por qué su producto no tiene el mismo brillo ni aroma que antes — y la respuesta está en un punto que muchos ignoran: el control térmico durante la extracción.
La vitamina E y los fitosteroles — compuestos esenciales para la salud cardiovascular — comienzan a degradarse cuando la temperatura supera los 45°C. Según estudios de la Universidad de Córdoba (España), al mantener la presión entre 38–42°C, puedes conservar hasta un 92% de estos nutrientes. En cambio, si trabajas con temperaturas por encima de 60°C, ese valor baja a menos del 60%.
Esto no es teoría: una fábrica en Nicaragua logró aumentar su rendimiento del 28% al 36% simplemente ajustando la temperatura del prensado a 42°C. Además, sus clientes internacionales comenzaron a pedir más productos certificados como “rico en vitamina E” — ¡un diferenciador de mercado real!
El secreto no está en invertir en máquinas caras, sino en elegir tecnologías que prioricen estabilidad térmica y operación sencilla. Las prensas helicoidales modernas ofrecen precisión constante, lo que significa menos supervisión manual y resultados más consistentes cada día.
¿Te ha pasado esto? Tu aceite se vuelve amargo después de unos días o pierde brillo rápido. No es tu culpa — es un problema de proceso. Y sí, hay solución.
No necesitas reemplazar toda tu línea. Empieza con una sola mejora: implementar un sistema de prensado con control térmico automatizado. Es como poner un "modo eco" en tu producción: eficiente, limpio, y rentable.
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